Actualmente la gripe es la enfermedad inmunoprevenible más frecuente en los países desarrollados, afectando cada año a una media del 10-15% de la población de cualquier edad. Unida con la neumonía constituye la séptima causa de mortalidad en este país, colocándose por encima de las provocadas por el VIH.

Icon made by Freepik from www.flaticon.comLa gripe es un virus muy estable en condiciones de baja temperatura y humedad, que se transmite mediante aerosoles que se forman al toser, estornudar e incluso al hablar, por lo que se propaga especialmente en ambientes de interior donde el contacto entre personas es estrecho, tales como colegios, residencias de ancianos, centros de cuidados especializados y hospitales.
En la mayor parte de la población la gripe se resuelve en un número limitado de días, pero la edad avanzada y algunas patologías pueden predisponer ciertas complicaciones.
Cada vez se reconoce más la importancia de la transmisión nosocomial de la gripe y es que una proporción importante de trabajadores sanitarios se infectan a lo largo del año, especialmente en invierno.
En el 30-60% de ellos la infección será subclínica, lo que permite al sanitario continuar trabajando mientras el virus es contagioso, actuando como una fuente de infección para sus pacientes y compañeros.
Existen tres tipos de virus de gripe estacional: A, B y C. Siendo los dos primeros los más frecuentes y diferenciándose según diferentes combinaciones de antígenos en su superficie. Siendo algunos subtipos de A los responsables de los brotes y epidemias estacionales.
El principal método para prevenir la gripe y sus complicaciones es la vacuna antigripal y su máxima eficacia dependerá de una buena correspondencia entre los virus circulantes en el ambiente y los presentes en la vacuna, ya que el principal problema de este virus es su capacidad de mutar y cambiar su envoltura, jugando al despiste con nuestro sistema inmune, por muy preparados que estemos para su ataque. Aun así, son diversos los estudios que han concluido de forma reiterada la eficiencia y la necesidad de la vacunación para el sistema sanitario.
Desmontando mitos:
“La vacuna de la gripe no es eficaz ni efectiva”:
Como ya hemos comentado, la eficacia y la efectividad de la vacuna varían cada año debido a las variaciones antigénicas de la cepa circulante. Además dependen de la temporada, edad y estado de salud e inmunitario del vacunado ya que no todas las personas responden igual.
De acuerdo a una revisión sistemática que incluyó 25 estudios con casi 60.000 sujetos, la eficacia de las vacunas inactivas parenterales fue del 70% en adultos sanos, siendo del 75% en casos en los que existe buena homología entre cepas circulantes y cepas vacúnales previstas para ese año. (1) En nuestro país, se han publicado los resultados en Navarra en el periodo 2012/13 que demostraron una efectividad del 68%. (2)
Sin embargo, un reciente estudio Europeo con datos del 2018-2019 revela intervalos de confianza de la efectividad de esta vacuna entre un 32-43%, siendo en otros países de un 95%.(3)(4)
“ El año pasado me puse la vacuna y enfermé”
Un estudio realizado en 2011 que incluye 769 cuestionarios validados de 1123 sanitarios vacunados, demuestra, como reacción adversa más frecuente a la vacuna, una reacción local, siendo el segundo efecto adverso referido el malestar general a los 1-3 días después de la vacuna aunque sin limitación de las actividades de la vida cotidiana a consecuencia de estos efectos (Excepto en el 1,7% de los casos) siendo la duración de estos efectos a las 24 horas y con aparición de fiebre en el 8,8% de los casos. (5)
Recordemos que los virus de la vacuna de la gripe están inactivados, por lo que no es posible que padezcamos el virus tras la administración.
“Tampoco es para tanto, sólo es un resfriado”
Los profesionales del CIBERESP y del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) estiman unos 752.000 casos de gripe durante la temporada 2017-2018, de los cuales 52.000 personas precisaron hospitalización, con 14.000 casos de complicaciones, de los cuales 3.000 requirieron ingreso en la UCI. (6)(7)
Tanto la gripe como el resfriado están causados por virus aunque de distinto tipo. Mientras el origen de l gripe es principal mente el “Influenza”, el “rinovirus” y el “coronavirus” suelen ser los que provocan el resfriado, pudiendo llegar a padecerse varias veces al año.
La diferencia más visible es la intensidad de los síntomas, siendo la gripe mucho más intensa, debilitante y de aparición súbita, al contrario que el resfriado, que llega de forma gradual y presenta una duración mucho más corta.
Los síntomas comunes pueden ser: Congestión nasal, estornudos, mucosidad, tos, dolor de garganta y de cabeza y pérdida de apetito El resfriado apenas provoca fiebre mientras la gripe llegar a provocar fiebre desde moderada a alta, acompañada de dolores musculares (ya sean moderados o intensos,), escalofríos y/o fatiga.
En definitiva la vacuna antigripal es la mejor forma de prevenir y disminuir la gravedad de la gripe en los principales grupos de riesgo, evitando muchos casos leves y graves de gripe, así como muertes relacionadas con esta enfermedad. Los profesionales sanitarios jugamos un papel clave en la prevención y transmisión de esta enfermedad, ya que trabajamos con muchos pacientes que pertenecen a alguno de los grupos de riesgo.
¡Aún así, si no estáis muy convencidos, os dejamos un vídeo que seguro que os animará a vacunaros!

